Romanos 16:16 "Os saludan todas las iglesias de Cristo."

1 Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Proverbios 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.

lunes, 18 de octubre de 2010

Cortos sobre La Palabra de Dios: “El plan anunciado, Génesis 3:15”

En la entrega anterior, previmos la introducción al tema, por demás importante: “El plan anunciado, Génesis 3:15”. Dios anunció un plan para redimir y rescatar al hombre caído (Véase “¿Qué pasó en el Edén?”). Dios dijo, en Génesis 3:15, a la serpiente: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tu le herirás en el talón”. ¿Qué significan estas palabras? ¿Cuál es su alcance? ¿Cuándo se llevaría a cabo? ¿Qué relación guardan con nosotros? ¿Tienen algo que con el Hijo de Dios y su obra redentora?

Simiente significa descendencia. De la mujer nacería la simiente que lucharía y heriría de muerte a la simiente de la serpiente. Pero, ¿a quién se refiere esa simiente de la mujer? La respuesta la encontramos en el libro de Gálatas 4:4, “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,”. El Verbo de Dios, quien ya era en el principio “era con Dios, y el Verbo era Dios. (…). Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1,3). La Escritura añade: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”. De modo que, cuando el Verbo de Dios, fue “nacido de mujer”, vino a ser el Hijo del Altísimo. Jesús es el único que es sólo simiente de mujer, con respecto al resto de los hombres, pues él fue concebido en María por el Espíritu Santo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”, fueron esas las palabras del ángel a María (Lucas 1:35).

Por otro lado, se encuentra la simiente de la serpiente. Al respecto las Escrituras nos dicen: “Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás,…” (Apocalipsis 20:2). De esto modo, Satanás y sus obras, entraría en franca enemistad con la simiente de la mujer, esto es, Cristo Jesús. La herida que Jesús propinaría al maligno sería una de muerte (“en la cabeza”), mientras que recibiría una herida leve (“en el talón”). Pero, ¿cuándo ocurrió esto? Al respecto leemos acerca del Hijo:

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” (Hebreos 2:14,15)

En efecto, Jesús nuestro Señor, mediante su muerte, arrebató al maligno “el imperio de la muerte”. Jesús “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:8) Por su obediencia perfecta y completa, “… vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:9). Así, cuando Jesús murió en la cruz, cumplió todo lo que de él habían profetizado las Escrituras, hasta ese momento, y Jesús declaró entonces, en la hora de su muerte, “Consumado es” (Juan 19:30). Con su muerte, el alma de Jesús fue al Hades (Hechos 2:31), más precisamente, al lugar de consuelo, también llamado por el Señor “el paraíso” (Lucas 23:43). Allí el Señor proclamó su victoria (1 Pedro 3:19); y luego resucitó, al tercer día; “al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.” (Hechos 2:24). Con su resurrección, Jesús nos declara: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” (Apocalipsis 1:17,18) (Subrayado de JCT). Así el Señor Jesús destruyó “por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”.

No obstante, lo anterior no fue sin precio. Nuestro Señor tuvo que pasar el martirio de la cruz, y el sufrimiento por nuestros pecados. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5). Es muy probable que tales heridas representen aquella a la que se refería Génesis 3:15 cuando dice “…y tu le herirás en el talón”. Ahora, ¿significa esto, que como Jesús se sacrificó por los pecados de todos, que ya todos los hombres automáticamente sean salvos? La respuesta la leímos en Hebreos 5:8,9, “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;” (Subrayado de JCT).

Por lo expuesto, podemos apreciar claramente, que desde el mismo principio, cuando el hombre decidió desobedecer la voz de Dios, en el huerto de Edén, Dios, como Padre responsable, le anunció un plan para redimirlo, mediante la llegada de su Hijo al mundo (Gálatas 4:4), varios milenios después de anunciarlo en Génesis 3:15.

Con esto, el Señor nos muestra que no es indiferente a la condición del hombre caído, sino que por el contrario, nos ha demostrado, que ama al hombre, con una magnitud, altura y profundidad insondable. Lo menos que podemos hacer es corresponder a ese amor, indagando con diligencia Su voluntad para nuestras vidas, a través de Su palabra, contenidas en las Sagradas Escrituras: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;…” (Juan 5:39).

En la próxima entrega: “Historia de la Redención”, veremos cómo Dios llevó a cabo su plan de introducir a su Hijo al mundo, desde Su llamado a Abraham (Génesis 12:1-3), a quién Dios hizo promesas muy importantes: 1) la creación de un pueblo, la nación judía; y, 2) el envío de su Hijo, nuestro Señor, para bendecir a todas las naciones de la tierra. En ese mensaje, se revelarán las conexiones de la ejecución del plan de Dios, anunciado en Génesis 3:15, con la salvación que Dios nos ofrece.

Su servidor, Juan Carlos Terán (Tel 0416.932-6567); juancteranm@hotmail.com. Para mayor información sírvase enviarnos su solicitud a este correo, o llamarnos.

Nuestras reuniones: Edificio Guarimba, Piso 1, Local 1; ubicado en la Av. Francisco de Miranda, a 50 metros de la Estación del Metro “Los Dos Caminos”, y al lado del Centro Comercial Milenium. Está invitado, todos los domingos desde las 10:00 a.m. hasta la 1:00 p.m.

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