Romanos 16:16 "Os saludan todas las iglesias de Cristo."

1 Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Proverbios 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.

lunes, 18 de octubre de 2010

Cortos Sobre La Palabra de Dios: “El Hades, ¿lugar de las almas?”

En esta nueva oportunidad, tocaremos un tema por demás importante e interesante. “¿A dónde van los que mueren?”, se preguntan muchas personas. Aquí buscaremos respuesta a esa pregunta y otras como siguen: ¿El alma sigue existiendo después que abandona el cuerpo?, ¿qué es la muerte física, según la Palabra de Dios?; ¿es importante prepararnos para nuestra partida final, la muerte?

¿Ha escuchado del Hades? La Biblia dice de Jesús, mientras su cuerpo estaba en el sepulcro, que “su alma no fue dejada en el Hades” (Hechos 2:31). Hades, viene del griego, idioma en que originalmente fue escrito el Nuevo Pacto, “ades” y significa literalmente “lo invisible”, o lugar de las almas. Por error fue traducida antiguamente al español como “infierno”, en algunas traducciones; pero ésta es otra palabra en el griego “gehenna”. Hoy en día, se transcribe tal cual del griego al español ‘Hades’.

Podemos conocer muy bien de este lugar en la narración de Jesús sobre “el rico y Lázaro”, ubicado en el Evangelio de Lucas 16:19-31, texto que paso a transcribir:

“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.”

Sobre ambos, el rico y Lázaro, aconteció el mismo suceso: La muerte física. La Escritura la define como ‘la separación del espíritu del cuerpo’ (Santiago 2:26). Así es, cuando el espíritu del hombre abandona su cuerpo, el cuerpo deja de vivir. Jesús, nuestro Señor, lo experimentó así en su muerte: “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró” (Lucas 23:64). Luego, el cuerpo vuelve a la tierra como era y “el espíritu vuelva a Dios quien lo dio” (Eclesiastés 12:7). De lo anterior, las Escrituras revelan que el ser humano es ‘cuerpo, alma y espíritu’ (1 Tesalonicenses 5:23).

Entonces, ¿el alma a dónde va cuando acontece la muerte física? Al Hades. ‘El Hades sigue a la muerte’ (Apocalipsis 6:8). Tanto el alma del rico como del mendigo, en la historia narrada por el Señor, fueron a dar al Hades sólo que el lugar donde cada quién se encontraba, estaba separado por ‘una gran sima’, “de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (V.26). Un lado es de consuelo, también llamado ‘el paraíso’ por el Señor, antes de su muerte física, cuando le dijo al malhechor arrepentido: “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43). Pero el otro lado es de tormento, un lugar donde el alma es atormentada.

Cabe destacar que, ambos conservaron su identidad, memoria y su conciencia. El alma conserva estos atributos de la persona. El rico pudo distinguir a Lázaro y a Abraham. El rico pudo ‘recordar' lo que en su vida recibió, como también a sus familiares, y el número de hermanos que tenía. Pero también conservó su conciencia, si había hecho bien o no durante su vida. ¿Por qué es así? Porque el alma, o sea nosotros, habitamos en nuestro propio cuerpo: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos” (2 Corintios 5:1). Nótese como separa lo que somos de lo que es el cuerpo, “nuestra morada terrestre”.

Ahora, ¿qué establece el límite de lo que será tomado en cuenta delante de Dios? La vida presente en el cuerpo, responden las Sagradas Escrituras: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” (2 Corintios 5:10). Así, una vez partimos de la tierra, al hombre le toca esperar hasta el juicio final en el Hades: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Por lo expuesto, nos toca con responsabilidad indagar qué es lo necesario conocer y aplicar a nuestras vidas, en cuanto a nuestra relación con Dios, para tener la esperanza cierta del descanso de nuestra alma en el paraíso, el lugar de consuelo, en el Hades, y evitar así el lugar de tormento, una vez partamos del cuerpo. Hay que tomar en cuenta, la obra redentora de Cristo, conocerla, y saber que él ofrece eterna salvación “a todos los que le obedecen” (Hebreos 9:27). Si tanto nos preparamos para la vida en esta tierra, ¿cómo no hemos de prepararnos responsablemente para la morada de nuestra alma, una vez abandonemos el cuerpo?

Por último, y no menos importante, es saber que nuestro Señor Jesús, ha vencido la muerte, y nos puede revelar con pleno conocimiento de causa, qué hay detrás de esa ‘cortina’, y además nos declara, cómo la resurrección y la vida eterna está en su mano, al decir: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” (Apocalipsis 1:17,18)

Está invitado a nuestras reuniones en la siguiente dirección: Edificio Guarimba, Piso 1, Local 1; ubicado en la Av. Francisco de Miranda, a 50 metros de la Estación del Metro “Los Dos Caminos”, y al lado del Centro Comercial Milenium; todos los domingos desde las 10:00 am. hasta la 1:00 pm.
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