Romanos 16:16 "Os saludan todas las iglesias de Cristo."

1 Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Proverbios 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.

lunes, 18 de octubre de 2010

Cortos sobre La Palabra de Dios: “El pecado, ¿Cómo nos afecta?, Parte II”

Esta doceava entrega es la continuación de la anterior, donde revisamos la consecuencia más importante del pecado personal en esta vida presente. Pero, ¿tendrá consecuencias el pecado personal en la existencia del hombre que sigue al juicio final? ¿Qué nos dice Dios sobre cuánto más nos afecta el pecado? ¿Será que las consecuencias del pecado personal traspasan la barrera de esta vida presente? Leamos con detenimiento qué nos dicen las Sagradas Escrituras:

En la primera parte de este “Corto”, aprendimos que la primera grave consecuencia del pecado personal es la muerte espiritual, esto es, la separación del hombre de Dios (es necesario que previamente lea el Corto: “El pecado, ¿Cómo nos afecta?, Parte 1”). Pero, ¿tendrá solución la muerte espiritual? Dios ha provisto solución, mediante su Hijo. Leamos lo dicho por Jesús: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Evangelio de Juan 5:24). ¿Cómo puede pasar alguien con vida física (“el que oye…y cree…”) “de muerte a vida”? ¿A qué “muerte” se refiere el Señor? Evidentemente a la muerte espiritual, la cual tiene solución. El pecado nos lleva a la “muerte”, y rehusar creer el Hijo de Dios a la “condenación” (de la cual hablaremos luego); pero ‘oír su palabra y creer al que le ha enviado’ nos lleva a la “vida eterna”. ¡Qué importante es entonces encarar este asunto tan serio, y venir al encuentro del Señor Jesús, y rendirnos ante Él en fe y obediencia para hallar Su gracia y perdón!: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;” (Hebreos 5:8,9). Pero, además de la muerte espiritual, el pecado tiene otras consecuencias en esta vida presente:

“Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.” (Efesios 4:17-19)

Sí, el pecado, ‘oscurece el entendimiento’ del hombre, hasta el punto de llevarle a justificar su propio mal y renegar incluso de Dios; como también es capaz de hacer ‘perder toda sensibilidad’ y cauterizar su conciencia. El pecado es pues origen de muchos males: el adulterio, la fornicación, la avaricia, la codicia, el orgullo, los celos, la vanidad, la incredulidad; la hechicería, la idolatría, homicidios, borracheras, etc.; son sólo ejemplos de esto.

No obstante, las consecuencias del pecado personal en esta vida pueden ser temporales. Esto dependerá si, mientras “estamos en el cuerpo”, recibimos “en su sangre, el perdón de pecados” (Efesios 1:7). “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” (2 Corintios 5:10). Lo que hagamos o dejemos de hacer, después de partir de esta vida presente, es decir, de morir físicamente, no tendrá ya más ningún valor, a efectos del juicio venidero: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,…” (Hebreos 9:27). Entonces, es hoy y ahora nuestro rol protagónico, acerca de lo que vamos y hay que decidir hacer con ‘Jesús, llamado el Cristo’; recuerde que Pilato “se lavó las manos” (Mateo 27:22-24); pero otros, se rindieron en obediencia, preguntado: “- Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hechos 9:6). ¿Qué decide usted, amigo(a)?

Pero, si en esta vida presente, no recibimos “el perdón de nuestros pecados” (Hechos 2:38,39); y nos alcanza la muerte física, estando ya muertos espiritualmente, a causa del pecado; nos llevamos nuestros pecados al juicio, lo cual es terrible, pues ¿cómo entonces serán inscritos nuestros nombres “en el libro de la vida”? Si un juez da por inocente al culpable, se dirá que es un juez injusto; y las Escrituras nos advierten: “Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable.” (Nahúm 1:3). Leamos el cuadro profético que nos muestra el apóstol Juan:

“Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.
(…)
Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 20:12-15; 21:8)

La muerte segunda, es pues, la separación eterna del hombre de Dios. Aquí, las consecuencias del pecado personal son irremediables. Hay dos grupos, que la palabra de Dios identifica que sufrirán ese daño: “los que no conocieron a Dios”, y los que no “obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo”:

“…y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos…” (2 Tesalonicenses 1:7-10)


La respuesta a nuestra condición pecadora sigue siendo la misma: Jesús. Es necesario creer en él, arrepentirnos, y ser bautizados “para el perdón de pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38,39). Jesús nos dice: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25,26) (Subrayado de JCT).

Otros “Cortos” relacionados: El nuevo nacimiento; Jesús la Resurrección y la Vida; El Hades lugar de las almas.

Su servidor, Juan Carlos Terán (Tel 0416.932-6567); juancteranm@hotmail.com. Para mayor información sírvase enviarnos su solicitud a este correo, o llamarnos.

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