Romanos 16:16 "Os saludan todas las iglesias de Cristo."

1 Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Proverbios 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.

lunes, 18 de octubre de 2010

Cortos sobre La Palabra de Dios: “El Evangelio” (1 Corintios 15:1-4)

En esta treceava entrega abordaremos un tema que reporta el corazón de la predicación en el Nuevo Testamento: El Evangelio. ¿Por qué es necesario conocer, creer y obedecer al evangelio? ¿A qué riesgo se exponen aquellos que ignoran o no obedecen al evangelio? ¿Qué significa el evangelio? y, finalmente, ¿Cómo se apropia el creyente, mediante la obediencia, a los beneficios del evangelio?

La palabra del Señor nos muestra claramente que el evangelio “es el poder de Dios para salvar a todo aquel que cree” (Romanos 1:16,17) El evangelio no tiene poder para salvar al incrédulo; no obstante, sí puede dar la bendición de la salvación de vida eterna, a todo ser humano que, durante su vida física, crea y se someta en obediencia a esa “palabra de verdad”: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13). El apóstol Pedro nos específica: “habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal, (…) Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (1 Pedro 1:22,25). Por otra parte, las Escrituras nos advierten de la necesidad del conocimiento y obediencia al evangelio, al declararnos que nuestro Señor Jesucristo vendrá “en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Tesalonicenses 1:6-9).

Pero, ¿Qué es pues el Evangelio? La respuesta es sencilla, pero infinitamente profunda y poderosa en su significado. Al respecto el apóstol Pablo declara:

“Además, os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, sino creísteis en vano; porque primeramente os he enseñado, lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; …” (1 Corintios 15:1-4).

¡Correcto!, es pues el Evangelio, “que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día” para nuestra Salvación. Esta es “la palabra de verdad” que necesitamos oír, creer y obedecer, para que nuestra almas sean purificadas. Será entonces necesario ahondar en ciertos detalles al respecto:

Muerte de Cristo:
1) No fue un accidente, sino parte esencial del plan de Dios. Pedro, el apóstol declaró: Jesús, “entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis…”. (Hechos 2:23). Su muerte y padecimiento fue profetizado por Isaías más que 700 años de que ocurriera: “mas él herido fue por nuestras rebeliones, herido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).
2) Jesús cargó con nuestros pecados en la cruz. Pedro, el apóstol escribió: “quien llevó él mismo nuestro pecados en su cuerpo en el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24). Eso explica por qué Jesús padeció tanto en la cruz. Dios en lugar de castigarnos a nosotros, los pecadores, ofreció a su Hijo, como sustituto “por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2,2)
3) Por su sangre derramada en la cruz Jesús nos ofrece el perdón de nuestros pecados. Según la ley del Antiguo Pacto, “y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” por los pecados (Hebreos 9:22). Siendo Jesús perfecto, ‘sin mancha’, era el único calificado para que recibamos “redención en su sangre, el perdón de pecados” (Efesios 1:7). Jesús es “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
4) Representa la prueba de su amor personal hacia ti, mi querido lector. “¿Quién es el verdadero responsable de su muerte, los judíos que gritaban: “¡Crucifícalo!, ¡Crucifícalo!”, o nuestros propios pecados? La respuesta es clara: “él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados” (Isaías 53:5). Sí, mi apreciado lector, Jesús, el Señor, murió por sus pecados y los míos. Nuestros pecados le llevaron a la cruz, y Él aceptó hacerlo por su amor por nosotros:

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente apenas morirá alguno por un justo, con todo pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:6-8).

Sepultura de Cristo.
Durante la sepultura, el alma del Señor fue al Hades por tres (3) días, donde declaró su victoria. Pedro, el apóstol explicando las Escrituras del Antiguo Pacto declaró: “su alma no fue dejada en el Hades ni su carne vio corrupción” (Hechos 2:31). El Hades es el lugar donde moran las almas de los que mueren, y esperaran en ese lugar hasta que llegue el juicio final (Léase Hebreos 9:27; Lucas 16:19-31). Para mayor información léase también el Corto: “El hades, el lugar de las almas”.
Durante la sepultura, el cuerpo “que se hizo pecado por nosotros” del Señor fue al sepulcro. Cabe destacar que ese cuerpo, fue sepultado a la vista de Dios

Resurrección de Cristo (Para más información sobre este punto, léase también el Corto: Jesús, la resurrección y la vida)
Declara su victoria sobre la muerte: “yo soy el primero y último y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:17-18)
Declara la autenticidad y veracidad de todas sus palabras e identidad
El cuerpo del Señor fue redimido

Ahora bien, el hecho que nuestro Señor Jesús se haya entregado a sí mismo en sacrificio “por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2); no significa que automáticamente todos los hombres ya sean salvos, es requerido nuestra obediencia al Señor, en plena certidumbre de fe: “Y aunque era Hijo por lo que padeció aprendió la obediencia y habiendo sido perfeccionado vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:8,9). Recuerde, es pues requerido oír, creer y obedecer al Evangelio.

Pero, ¿podemos obedecer literalmente a la “muerte, sepultura y resurrección de Cristo? Como no es posible hacerlo así, Dios nos mandó una “forma de obediencia”, una “forma de doctrina” o ‘forma del Evangelio’, que se perfecciona a través del bautismo en aguas: “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados, y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Romanos 6:17,18). A los cristianos en Roma, el apóstol Pablo les recordó, cómo llegaron a ser salvos, habiendo “obedecido de corazón a aquella forma de doctrina” o ‘forma del evangelio’; esto es, la forma de ‘muerte, sepultura y resurrección de Cristo’.

En ese mismo capitulo enseña, cómo mediante el bautismo en agua, el creyente puede obedecer a la forma de ‘muerte, sepultura y resurrección de Cristo’; en este caso, muriendo el creyente, a la vida pasada, siendo sepultado con Cristo, “para que el cuerpo de pecado sea destruido”, y resucitando juntamente con él, a una “vida nueva”. Leamos:

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?; porque somos sepultado juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva…” (Romanos 6:3-5)

El bautismo es una INMERSION en agua, no es un rociamiento. La palabra bautismo, viene de la voz en griego ‘baptizo’, que significa literalmente ‘inmersión’. El bautismo bíblico es una inmersión en agua, donde el creyente, al venir a Cristo de corazón y en “plena certidumbre de fe”, muere a su vida pasada, es sepultado, y nace en vida nueva.

El Señor Jesucristo, así lo ordenó antes de su ascensión a los cielos, instruyendo a sus discípulos: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere será condenado” (Evangelio de Marcos 16:15,16)

El apóstol Pedro, luego de predicar el evangelio (puede leerlo en Hechos 2:24-37), y siguiendo el mandamiento del Señor, ordenó a los que habían creído en Jesús como Señor y Cristo, diciendo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:38). Esto que ordenó el apóstol, no sólo era para quienes lo escuchaban allá en el primer siglo en Jerusalén, sino como sigue luego él diciendo: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:39)

¿Quiénes son pues candidatos al bautismo? Aquellos que primeramente, ‘creen en el nombre de Jesús y en el evangelio’; y, ‘se arrepienten’ de sus pecados. ¿Qué beneficios reciben los que obedecen al evangelio, mediante la fe, el arrepentimiento y el bautismo? 1) Reciben “el perdón de sus pecados”; 2) Reciben “el don del Espíritu Santo”, y con ello: 3) La ‘salvación’. ¿Qué espera entonces mi amigo para atender el llamado del Señor? ¿Tendrá sentido demorar nuestra obediencia al evangelio de nuestro Señor? Ahora que conoce “la palabra de verdad” y sus beneficios, ¿Qué decide usted hacer con ‘Jesús, llamado el Cristo’?

Su servidor, Juan Carlos Terán (Tel 0416.932-6567); juancteranm@hotmail.com Para mayor información sírvase enviarnos su solicitud a este correo, o llamarnos.

Nuestras reuniones: Edificio Guarimba, Piso 1, Local 1; ubicado en la Av. Francisco de Miranda, a 50 metros de la Estación del Metro “Los Dos Caminos”, y al lado del Centro Comercial Milenium. Está invitado, todos los domingos desde las 10:00 a.m. hasta la 1:00 p.m.

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