Romanos 16:16 "Os saludan todas las iglesias de Cristo."

1 Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Proverbios 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.

lunes, 18 de octubre de 2010

Cortos sobre La Palabra de Dios: “Jesús, es la Resurrección y la Vida” (Juan 11:25)

En la entrega anterior, comentamos acerca de las enseñanzas de las Sagradas Escrituras sobre el Hades, como el lugar que Dios ha previsto para las almas de los hombre tan pronto parten del cuerpo. No obstante, sobre la muerte, muchos comentan que, “todo en la vida tiene solución, menos la muerte”. Otros esperan por nuevas y mejores oportunidades, en la “próxima reencarnación”. Hay quienes aseguran, que ‘nadie conoce qué viene después, porque nadie ha vuelto de la muerte, para testificar sobre ella’. Asimismo, hay quienes piensan, ‘esta vida sólo hay que gozarla, pues ya nada más tenemos después de esta’. Ante tanta diversidad de pensamientos y actitudes, ¿qué nos ofrece Dios, y cuál es la oferta real de su Hijo, nuestro Señor?

Cuando Marta y María, amigas de nuestro Señor, lloraban desconsoladas la muerte de su hermano, Lázaro, quién hacia cuatro días que había muerto, y había sido sepultado en una cueva en Betania, Jesús llega hasta esa aldea, con el fin de glorificar a Dios, con la resurrección de Lázaro. Veamos algunos textos del pasaje, ubicado en el Evangelio de Juan 11:21-45.

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.
(…)
Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir. Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.”

¿Por qué Jesús fue capaz de resucitar a Lázaro? Porque El es “la resurrección y la vida”. Es la misma razón por la cual podemos confiar que El es capaz de resucitar a los que en El creen. Nótese que la Biblia dice que Jesús es la resurrección y vida, y no que fue y todo lo que sigue está en presente continuo: “el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”. Las Escrituras dicen de Adán que fue ‘un alma viviente’, pero de Cristo dicen que es ‘espíritu vivificante` (1 Corintios 15:45). También agregan en Juan 5:26: “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo”. De modo que, “como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida” (Juan 5:21). La razón es contundente: Jesús es el “Autor de la vida” (Hechos 3:15). Hablando de Cristo, las Escrituras agregan:
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;..” (Colosenses 1:16,17)

¿Cómo no responderle Sí al Señor, a la pregunta: “¿Crees esto?”, que Jesús lanzó a Marta?, y estoy seguro, a usted, como a todos nosotros por igual. Nuestro Señor Jesús, tiene “las llaves de la muerte y del Hades” (Apocalipsis 1:18). Como tal, Él tiene toda la autoridad sobre la vida y la muerte, porque Él también murió y resucitó, para no morir nunca más, sino vivir “por los siglos de los siglos” (V.17). ¿Cómo pues no confiar en Aquel que tiene el poder de resucitarnos en el día final? “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:28,29). Resurrección, no reencarnación; ésta última, la reencarnación, requiere que los hombres mueran físicamente hablando más de una vez, pero las Escrituras dicen claramente: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,…” (Hebreos 9:27).

La fe pues, que el Señor espera de nuestra parte, es una fe obediente, para tener la esperanza de la “resurrección de vida”, en el día final. Hay que tener muy presente que Jesús, “aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;” (Hebreos 5:8,9). Entonces, ¿a qué hay que obedecer, para recibir la eterna salvación que el Señor Jesús nos ofrece, siendo Él ‘la resurrección y la vida’? La respuesta está en lo que Él mandó a predicar a sus discípulos, antes de su ascensión, diciendo: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15,16). El Evangelio, es pues la “palabra de verdad”, que al ‘orla’, ‘creerla’ (Efesios 1:13), y ‘obedecerla’ (1 Pedro 1:22,25), recibimos del Señor, la salvación, el perdón de nuestros pecados, el Espíritu de Dios, y la vida eterna. Luego de predicar el Evangelio, el apóstol Pedro ordenó, a los que habían creído en Jesús, como el Señor y Cristo:
“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hechos 2:38,29).

Aunque aún no explico, en qué consiste la palabra del Evangelio, porque lo estimo hacer en una futura edición, Dios mediante, cito sí a las Escrituras cuando dicen que: El evangelio “es poder de Dios para salvación, a todo aquel que cree;…” (Romanos 1:16). Le animo pues con estas palabras, a seguir indagando con diligencia estos asuntos. Tome en cuenta toda la preparación que dedicamos para desarrollarnos en esta vida presente, en la que desconocemos nuestro momento de partida. ¿Cómo pues no hemos de prepararnos, para ese momento de partida, toda vez que existen dos destinos finales, y que el Señor espera ahora por nuestra obediencia, mientras estamos en el cuerpo?

Su servidor, Juan Carlos Terán (Tel 0416.932-6567); juancteranm@hotmail.com. Para mayor información sírvase enviarnos su solicitud a este correo, o llamarnos.

Nuestras reuniones: Edificio Guarimba, Piso 1, Local 1; ubicado en la Av. Francisco de Miranda, a 50 metros de la Estación del Metro “Los Dos Caminos”, y al lado del Centro Comercial Milenium. Está invitado, todos los domingos desde las 10:00 a.m. hasta la 1:00 p.m.

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