Romanos 16:16 "Os saludan todas las iglesias de Cristo."

1 Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Proverbios 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.

lunes, 18 de octubre de 2010

Cortos Sobre La Palabra de Dios: “La Biblia, ¿Qué es?”

Muchas personas se preguntan, “¿dónde puede hallar una fuente fidedigna, que muestre fielmente la voluntad de Dios?”. Esta pregunta cobra especial interés en un contexto de gran variedad de creencias y de mucha confusión en lo religioso.

Si pudiéramos escuchar la voz audible de Dios todos al mismo tiempo, no tendríamos dudas de la voluntad de Dios para el hombre en lo que ha dicho, pero Dios ha elegido no hacerlo de esta forma. Por eso las Sagradas Escrituras nos dices: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas manera en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1).

Jesús, durante su ministerio, declaró que él ‘no hablaba por su propia cuenta; el Padre que le envió, él le dio mandamiento de lo que había de decir, y de lo que había de hablar’; luego añade: “y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Evangelio de Juan 12:48,49). De modo que, lo que oyeron la voz del Señor Jesús durante su vida física en la Tierra oyeron pues la voz de Dios. Pero el Señor Jesús ascendió a los cielos, entonces ¿a quién acudiremos para conocer la fidedigna voluntad del Señor?

Nuestro Señor Jesús dejó en sus apóstoles y profetas el encargo de comunicar la voluntad de Dios, de la misma manera que él fue enviado a este mundo. Jesús declaró acerca de sus apóstoles, en su oración al Padre: “porque las palabras que me distes, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tu me enviaste. (…) Yo les he dado tu palabra; (…) como tu me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Evangelio de Juan 17:8,14,18).

Pero, ¿cómo hombres falibles han sido capaces de transmitir infaliblemente el mensaje de Dios? La respuesta la da el propio Señor antes de su partida, a sus discípulos, los apóstoles, cuando les prometió: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñara todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Evangelio de Juan 14:26). Así los apóstoles no tenían que depender de su propia memoria para recordar las cosas que Jesús les enseñó; y aquellas que no les comunicó el Espíritu Santo, de una manea sobrenatural, se encargaría de enseñárselas:
“Aún tengo muchas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosa que habrán de venir” (Evangelio de Juan 16:12,13).

De este modo, quienes escucharon las palabras de los apóstoles y profetas, escucharon las mismas palabras de Dios. La iglesia del primer siglo de nuestra era reconoció esta realidad. El apóstol Pablo lo confirmó, cuando escribió: “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, que cuando recibisteis la palabra de Dios que oíste de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombre, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1ª Tesalonicenses 2:13). Pero luego, los apóstoles también partieron, entonces ¿a quién acudiremos para conocer la fidedigna voluntad del Señor?

Los apóstoles y profetas escribieron la voluntad del Señor, y esos escritos conforman lo que hoy conocemos como la Biblia. Por esto, el apóstol Pedro declaró: a) “… También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas” (2ª Pedro 1:12-15); y, b) “… entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2ª Pedro 1:19-21).

Entretanto, el apóstol Pablo declaró: a) “Si alguno se cree espiritual o profeta, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (1ª Corintios 14:37); y, b) “Toda la Escritura es inspirada por Dios, …” (1ª Timoteo 3:16). La palabra inspirada significa literalmente, que proviene del “aliento” de Dios. El Señor “sopló” su voluntad, y la guió de manera sobrenatural en los apóstoles y profetas, quienes la escribieron.

Lo anterior explica por qué, aproximadamente 40 hombres que escribieron el mensaje de Dios, durante un periodo de aproximadamente 1.500 años, en distintas épocas, idiomas, y lugares geográficos, que tuvieron diferentes niveles culturales y oficios (unos letrados como Pablo, Lucas, Salomón; Moisés; otros del vulgo (pescadores) como Pedro y Juan; otros pastores como David; etc.); presentaron una UNICIDAD en sus escritos, que conocemos como la Biblia. ¿Cuál fue el mensaje central de estos hombres? La salvación que Dios provee al hombre, el mensaje de redención. Sus escritos, lejos de contradecirse, se complementan y se interrelacionan, cobran un sentido glorioso, como UN TODO. Pero, ¿cómo ha sido esto posible? La respuesta es que una sola mente, un solo Autor intelectual ha estado detrás de esos escritos: El Espíritu de Dios.

Ya para concluir, así como para las medidas nos hacemos de una fuente fidedigna en la que todos podamos confiar, la cinta métrica, en los asuntos religiosos también requerimos esta fuente fidedigna de la verdad de Dios, y esta es: La Biblia, la palabras de Dios. Nuestro Señor Jesucristo nos manda: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio acerca de mí” (Evangelio de Juan 5:39). Por último nos alerta al decirnos: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día final” (Evangelio de Juan 12:47).

¿Qué más esperar? Le invito a conocer el mensaje central de las Sagradas Escrituras, y a estar en plena conciencia del mensaje de salvación que el Señor desea que usted y su familia conozca a plenitud.

Está invitado a nuestras reuniones en la siguiente dirección: Edificio Guarimba, Piso 1, Local 1; ubicado en la Av. Francisco de Miranda, a 50 metros de la Estación del Metro “Los Dos Caminos”, y al lado del Centro Comercial Milenium; todos los domingos desde las 10:00 am. hasta la 1:00 pm.

Su servidor, Juan Carlos Terán (Tel 0416.9326567); juancteranm@hottmail.com. Para mayor información sírvase enviarnos su solicitud a este correo, o llamarnos.

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