Romanos 16:16 "Os saludan todas las iglesias de Cristo."

1 Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Proverbios 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.

lunes, 18 de octubre de 2010

Cortos sobre La Palabra de Dios: “Historia de la Redención: La Promesa de Abraham”

Desarrollamos con esta entrega, la fascinante historia de cómo Dios llevó a cabo Su plan de introducir a Su Hijo para ofrecer la redención de todas las naciones, como la había anunciado en Génesis 3:15; (Véase también la entrega anterior: “El plan anunciado, Génesis 3:15”). Aquí descubriremos de cómo mediante dos promesas, Dios llevó no sólo a cabo su plan, sino también ofrece rescate a ‘todas las familias de la tierra’. Asimismo, develaremos vitales conexiones del plan de salvación de nuestro Dios acerca de cómo apropiarnos de ‘la bendición de Abraham’.

Principalmente, Dios comienza el plan con el llamando de un hombre, cuyo nombre es Abraham, a quién Dios hizo importantísimas promesas. Veamos

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12-.1-3).

Este pasaje encierra dos (2) promesas que son claves, en cómo Dios administró Su plan para rescatar el mundo. Dios dice a Abraham: “haré de ti una nación grande”, y luego añade, “y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. La primera guarda relación directa con el pueblo de Israel, y la segunda, con todos nosotros. Leamos:

‘Nación grande’: Dios llama a Abraham de la tierra de Ur, de los caldeos; a una tierra desconocida para él. “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (Hebreos 11:8). Uno de los propósitos de este llamado era hacer de Abraham “una nación grande”. Pero, ¿cómo fue esto? Bueno, Abraham engendró a Isaac. Isaac engendró a Jacob, llamado luego por Dios Israel (Génesis 32:28). Jacob tuvo doce (12) hijos, que vinieron a ser los padres de las doce tribus de Israel, llamado también el pueblo judío. Acerca de esa promesa, Dios le dijo a Abraham, “y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar;…” (Génesis 22:17). Ver también el Corto: “Los Dos Pactos”.

Luego a ese pueblo Dios le dio leyes, decretos y estatutos, que llegaron a constituir el Antiguo Pacto. El corazón de este convenio está en los ‘Diez Mandamientos’, dados por Dios a través de Moisés al pueblo judío. Conviene destacar aquí, cómo Dios administraba el perdón de pecados al pueblo. Una vez al año, el sumo sacerdote del pueblo judío entraba en el lugar del templo, llamado “el Lugar Santísimo”, que se encontraba “detrás de velo”, que lo separaba del “lugar santo”. El Lugar Santísimo “tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio” (Hebreos 9:3-5). Así, el sumo sacerdote se presentaba en este Lugar, “no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo;” (Hebreos 9:7). Presentaba así sangre de animales (machos cabríos, becerros), para con ella buscar “expiación por sí, por su casa y por toda la congregación de Israel.” (Levítico 16:17). El problema de fondo es que “la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”, sólo los expiaba; esto es, sólo los cubría a la vista de Dios (Hebreos 10:4).

Por otro lado, tenemos la segunda promesa de Dios a Abraham: “y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3). Esta misma promesa es confirmada por Dios, con más detalle, diciendo: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis 22:18). Cabe preguntarse, ¿A qué simiente o descendencia se refiere esta promesa? ¿En qué consiste esa bendición que concierne a ‘todas las familias de la tierra’? Es vital comprender el alcance y cómo apropiarse de esta bendición. Al respecto el apóstol Pablo nos deja una clara explicación. Leamos:

“… para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. (…) Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.” (Gálatas 3:14,16)

Los gentiles son llamados así por los escritores bíblicos y se refiere a todos aquellos que no son judíos, esto es el resto de las naciones. Ahora, es claro que la ‘simiente’ a la cual Dios se refería a Abraham es Cristo Jesús. Cierto, Dios hizo de Abraham “una nación grande” para traer de ella a Su Hijo, nuestro Señor, “cuando vino el cumplimiento del tiempos” (Gálatas 4:4). Así la lectura de la promesa podrías leerla: ‘En Cristo serán benditas todas las naciones de la tierra’. Estar “en Cristo” es una condición, un estado de ser o de estar. En Romanos 8:1 leemos “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,…” (Ver también 2 Corintios 5:17) Pero, ¿cómo llegamos a estar en Cristo, ya que es una condición necesaria para recibir “la bendición de Abraham” que nos concierne. La respuesta está en el propio capitulo 3 de Gálatas: “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.” (Vs 26,27) (Negritas de JCT). Para estar “en Cristo”, debemos estar “revestidos” de Él, mediante el bautismo, que ordena el Señor. Este bautismo es precedido por la fe al Evangelio, y es para salvación: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15,16).

Teniendo claro cómo llegar a estar “en Cristo”, ¿en qué consiste la “bendición de Abraham”? Esta consiste, según Gálatas 3, en ‘recibir “promesa del Espíritu”, mediante la fe’; y ¿quiénes la alcanzan? Los que ‘están en Cristo”, esto es los que están “en la simiente”. ¿Qué beneficio nos otorga recibir el Espíritu Santo? Leamos: “Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. (..) Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” (Romanos 8:9,14). ¿Cómo recibimos el Espíritu de Dios? Pedro, el apóstol, dijo la respuesta: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hechos 2:38,39). Pedro se refiere así al Espíritu Santo de ‘la promesa de Dios a Abraham’.

¿Ha recibido usted la bendición de Abraham, esto el Espíritu Santo? ¿Ha sido usted “revestido de Cristo” a través del bautismo, mediante la fe? ¿Goza usted del estado de “estar en Cristo”?

Su servidor, Juan Carlos Terán (Tel 0416.932-6567); juancteranm@hotmail.com. Para mayor información sírvase enviarnos su solicitud a este correo, o llamarnos.

Nuestras reuniones: Edificio Guarimba, Piso 1, Local 1; ubicado en la Av. Francisco de Miranda, a 50 metros de la Estación del Metro “Los Dos Caminos”, y detrás del Centro Comercial Milenium. Está invitado, todos los domingos desde las 10:00 a.m. hasta la 1:00 p.m.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada