Romanos 16:16 "Os saludan todas las iglesias de Cristo."

1 Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Proverbios 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.

lunes, 18 de octubre de 2010

Moralejas de Jonás

Basado en el Libro de Jonás

Jonás fue profeta de Dios, en el Antiguo Testamento, cuyo relato de ciertos aspectos de su vida son narrados en el libro que lleva su mismo nombre “Jonás”.

Jonás recibió un encargo de Dios: “Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí.” (Jonás 1:2). El mensaje que Jonás debía compartir a esa gran ciudad era: “¡De aquí a cuarenta días Nínive será destruida!”. (3:4). Nínive era pues “la lejana capital del imperio asirio”.

¿Qué resolvió pues Jonás? ¿Atender prontamente el llamado del Señor? ¿Asumir el llamado de Dios a esta misión, para cumplir este encargo? ¿Vencer cualquier obstáculo en término de tiempo, prioridades, recursos y seguir la voz del Señor? La respuesta, desafortunadamente es No. ¡Jonás decidió huir!, “de la presencia del Señor”! (1:3) y tomar el sentido contrario, al destino señalado por Dios. Es oportuno preguntarnos, ¿Cuántas veces hemos nosotros incurrido en semejante error? ¿Será posible “huir de la presencia del Señor”?. La respuesta la encontramos en el libro de los Salmos, capitulo 139:7-12, leamos:

“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz.”

¿Por qué entonces Jonás decidió pretender “huir”? Es probable que en la respuesta a esta pregunta, encontremos algunas similitudes en las razones del por qué los hombre hoy en día no viene al encuentro del Señor. Jonás era un israelita persuadido que la salvación era una prerrogativa exclusiva para el pueblo judío. No podía concebir que el favor de Dios se extendiera a otras naciones “paganas”, y tal situación no le hacía feliz (Lea Jonás 3:10; 4:1-3). Es decir, lo que Dios le estaba encomendando no hacía sentido con sus convicciones, con su modo de ver las cosas. Un poco esto atiende al siguiente pensamiento: “- Si Dios no se ajusta a mi modo de ver las cosas, sencillamente tomaré mi propio camino”, o “- Yo creo a Dios a mi propia manera”, pero no toma en cuenta lo que Dios dice y espera de esta persona, según Su voluntad expresada en las Escrituras.

Por otro lado, encontramos en las Sagradas Escrituras otras razones por las cuales el hombre buscar “huir” o “esconderse” de la presencia de Dios. Veamos por ejemplo, el caso de Adán. Tan pronto como Adán y Eva desobedecieron la voz de Dios, “se escondieron de la presencia de Dios entre los árboles del huerto” (Génesis 3:8). El hijo pródigo, que quiso llevar su propia vida atendiendo separado de su padre, “se fue lejos, a una provincia apartada”; luego, “allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente” (Lucas 15:9). El Señor Jesús lo dijo de esta manera:

“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.” (Evangelio de Juan 3:19-21)

Ahora bien, ¿pudo Jonás “huir” de la presencia del Señor? ¿Qué resolvió Dios enseñarle a Jonás? Basta leer el resto del capitulo 1 y el 2 del libro de Jonás. El profeta tomó un barco, “Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave” (1:4). Jonás se vio forzado a reconocer que tal tempestad era por su culpa, al decir a la tripulación: “Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.” (1:12) ¿Qué pasó luego? Aquellos hombres tomaron a Jonás “y lo echaron en el mar; y se aquietó el furor del mar” (1:15). “Pero Dios tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.” (1:17) ¡Tremendo!, ¿verdad? El apóstol Pablo declara, refiriéndose a Dios: “¿Quién ha resistido a su voluntad? Pero tú, hombre, ¿quién eres para que alterques con Dios?” (Romanos 9:9,10).

De ese modo, Jonás no tuvo más remedio que encarar la voluntad de Dios. Dentro de ese gran pez, el profeta ‘invocó en su angustia al Señor’ (2:1) y decidió cumplir lo que una vez prometió (2:9). “Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra.” (1:10). Así, “Jonás se levantó y fue a Nínive, conforme a la palabra de Dios” (3:3).

¿Cuáles son pues las moralejas de esa historia? ¡Muchas! Busquemos en las siguientes preguntas las respuestas: ¿Es sensato poner a prueba al Señor con respecto a lo que Él nos ha mandado y nos rehusemos (o dilatemos) en obedecer Su voluntad? Mas aún, ¿tiene sentido sencillamente en demorarnos en conocer o acudir a la voluntad de Dios? ¿Será posible “huir” o “escaparse” de la presencia del Señor? ¿Será lógico pasar por duras pruebas o situaciones para ‘volver en sí’, y tomar la dirección correcta, esto es, seguir el camino de la voluntad del Señor? Si el Señor nos envía ‘varios mensajes’, ¿no es Su misericordia la que se está manifestando para rendirnos de una vez a seguir sus mandamientos? Le invito pues a hacer un alto en su vida, disponer en frente suyo la voluntad de Dios, y ¡tome de una vez la decisión más acertada! Veamos el testimonio de David al respecto:

“Consideré mis caminos, y volví mis pies a tus testimonios.
Me apresuré y no me retardé en guardar tus mandamientos.”
(Salmos 119:59,60)


Su servidor, Juan Carlos Terán (Tel 0416.932-6567); juanteran@cantv.net. Para mayor información sírvase enviarnos su solicitud a este correo, o llamarnos. Nuestras reuniones: Edificio Guarimba, Piso 1, Local 1; ubicado en la Av. Francisco de Miranda, a 50 metros de la Estación del Metro “Los Dos Caminos”, y al lado del Centro Comercial Milenium. Está invitado, todos los domingos desde las 10:00 a.m. hasta la 1:00 p.m.

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