Romanos 16:16 "Os saludan todas las iglesias de Cristo."

1 Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Proverbios 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.

domingo, 17 de octubre de 2010

Que su «sí» sea «sí», y su «no», «no»,

Santiago 5:12

En la época de mi bisabuelo e inclusive de mi abuelo, el valor de la palabra de un hombre era ley, esto es, tenía un valor superior inclusive que un documento. El hombre cuidaba su reputación cumpliendo con la palabra dada en acuerdo o pacto. Por ejemplo en las ventas de terrenos, casas o cosas bastaba la palabra de compromiso para que se diera como vendido o comprado. Posteriormente se hacía un documento, pero la palabra era el compromiso.
Vemos que este proceder se ajusta al versículo en estudio, donde la palabra dada basta.
El contexto de este versículo, es el de los juramentos
Se nos dice que no juremos por nada, que con nuestra palabra basta para confirmar o ratificar lo que hemos dicho.
Los acuerdos o pactos forman parte de nuestro día a día, hacemos acuerdos o compromisos para muchas cosas: en una cita, en la entrega de un trabajo, de un servicio, horario de trabajos, de estudio, matrimonio, negocios, etc.
Hoy se ve con preocupación que la palabra o compromiso verbal ya no se respeta, las personas se han vuelto cada vez más informales e incumplidoras. Personas que dicen si pero su resultado es no o viceversa, nos les importa llegar tarde a las citas, o trabajos, se comprometen con muchas cosas y no cumplen.
El problema radica en que no les preocupa no cumplir, no les importa lo que los demás piensen de ellos.
Este mal o pecado, esta también arraigado en muchos cristianos, que igualmente, no respetan su propia palabra ni les importa lo que piensen sus hermanos o su entorno en general: No llegan a las citas o llegan bien tarde, se comprometen en hacer cosas por la obra o por sus hermanos y no cumplen, La palabra de Dios nos dice que nuestro hablar sea: si, si o no, no, esto implica que no es necesario jurar para comprometernos en algo, sólo con nuestra palabra basta. No actuemos como la mayoría de las personas que no conocen a Dios ni le respetan.
Mario Arellano

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