Romanos 16:16 "Os saludan todas las iglesias de Cristo."

1 Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Proverbios 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.

jueves, 29 de agosto de 2013

VOSOTROS SOÍS LA SAL DE LA TIERRA

Introducción:

Uno de las dificultades que presentan muchos cristianos, son las tribulaciones, los problemas en su vida. Algunos tienen problemas graves y otros son muy sencillos. Estos problemas traen como consecuencia que muchos se desaniman, se angustian. Hay cristianos que se desaniman muy rápidamente, sean sus problemas graves o pequeños. Para algunos su fe es afectada cuando llegan los problemas a su vida. Empiezan a dudar de Dios, dudan de si están en el camino correcto, etc. Dios no ha prometido que no tendríamos problemas, más bien ha dicho que lo tendríamos. 1Pedro 1:6-7 

El mismo Jesús lo confirmo Juan 16:33 

Cuando vienen los problemas quitamos la mirada de Dios y sus promesas y la ponen en los problemas y en sus debilidades.

Dios quiere que quitemos nuestra atención del mundo y lo pongamos en Él y en sus promesas. 2Corintios 4:17-18  Aunque nos estemos desgastados por la vejez, los problemas o las enfermedades, Dios nos pide que quitemos la mirada de las cosas que se ven, todo lo que está a nuestro alrededor y pongamos atención en las cosas que no se ven, las celestiales, las espirituales.

¿Por qué muchos nos desanimamos y nos angustiamos tan fácilmente y tan rápido?

No hemos entendido quienes somos para Dios, quien es nuestro Dios, las promesas que nos ha hecho.

1.  Vosotros soy la sal de la tierra.

La función de la sal es conservar los alimentos y lo más importante es darle gusto a estos. Nos acostumbramos a comer los alimentos con sal, cuando probamos alimentos que tienen poca sal o ninguna, sentimos y decimos que estos alimentos son insípidos, no tienen gusto, no provoca comerlos. La sal ha venido a ser muy importante entre la humanidad, porque forma parte de lo que más le gusta al hombre hacer, comer.

Jesucristo afirmo que sus discípulos son la sal de la tierra.  Mateo 5:13 

Siendo esto cierto, ¿A que le damos gusto? ¿Para quién hacemos que la tierra sea agradable? Para Dios, Dios tolera esta tierra, este mundo por causa de sus escogidos. Nosotros hacemos tolerable la tierra para Dios.

Dios no ha destruido la tierra en espera de sus santos escogidos, incluyendo aquellos que aún vendrán en el futuro. Nuestra obediencia, nuestra lucha contra el pecado, nuestra santidad hacen tolerable a Dios este mundo pecaminoso, abominable para Dios. 2 Pedro 3:7-10  Dios es paciente para con nosotros, para los que hemos obedecidos y por aquellos que obedecerán. Esta es la razón por la cual no ha destruido todo. Dios en su gran amor por nosotros, nos ha dado bendiciones, somos valiosos para Él.

a)  Nos adoptado como sus hijos.


Dios nos ha hecho herederos de bendiciones espirituales, y promesas de vida eterna celestial. Hemos sido hechos sus hijos. Los seres humanos no son hijos de Dios, son criaturas creadas por Dios, pero nosotros dejamos de ser criaturas y nos hizo parte de su familia. 1Juan 3:2  Efesios 2:19 

b)  Nos ha sacado de la potestad de las tinieblas y nos ha hecho su pueblo.

Antes pertenecíamos al diablo, pero Jesús nos libero de la potestad de las tinieblas y nos traslado a la luz admirable, al reino de Dios. 1Pedro 2:9  Somos un pueblo santo que anunciamos el evangelio, que es el poder de Dios a Para salvación.

Antes estábamos destinados a condenación eterna, estábamos apartados de Dios, no teníamos a Dios sino al diablo. Colosenses 1:13 

c)   Nos hizo reyes y sacerdotes

Aunque nos cueste entender nosotros estamos reinando junto a Cristo en este momento. Somos reyes en este mundo de tinieblas. Nuestra obediencia, nuestra vida, nuestro ejemplo, nuestro anuncio del evangelio nos hace reinar junto con Cristo.

En el antiguo pacto, el sacerdote de Dios era alguien que ministraba los sacrificios que se le daban a Dios y todo lo relacionado a esta actividad. Un sacerdote era consagrado, apartado para servir a Dios y solamente a Dios. En la ley de Moisés, los sacerdotes eran los únicos que podían servir en el tabernáculo y luego en el templo.  Levíticos 2:8 

Bajo el nuevo pacto, todos somos sacerdotes del altísimo, somos consagrados, apartados, santos para Dios. Apocalipsis 1:5-6 

2.  Pero si la sal se desvaneciere, ya no sirve para nada.

Si perdemos nuestra posición ante Dios por apartamos de Él, por el pecado o el desanimo o la duda o incredulidad, ya no servimos para nada, sino para dejarnos a merced del mundo. Cuando nos apartamos de Dios, ya no lo tenemos, ya no está con nosotros. Estamos a merced del diablo, del mundo, estamos nuevamente solos y sin Dios.

a)  Cuando dudamos desagradamos a Dios.

Es un pecado tremendo dudar de Dios y su palabra, porque eso implica que su fe es muy poca e inclusive su fe ha sido pervertida.  Santiago 1:6-7 

b)  Cuando dudamos no creemos, caemos en incredulidad.

La incredulidad es lo que ha hecho que muchas personas se pierdan, inclusive cristianos. La incredulidad implica que no creemos en lo que dice la palabra de Dios. Apocalipsis 21:8 

c)   Cuando nos desanimamos, le mostramos a Dios que no confiamos en Él y que no somos firmes.

Desanimarse es desmayar en la fe. Hebreos 12:3-4  2 Corintios 4:16  A pesar de que nuestro mundo, nuestra vida se venga abajo, debemos permanecer firmes en Dios, confiando en El y demostrándole nuestra esperanza en Él. 1Pedro 5:6-9  Debemos aguantar los golpes, trancazos que nos la vida, sin desmayar ni apartarnos del Dios vivo.

Conclusión:

Somos especiales para Dios, somos la sal que da gusto a la tierra, pero no dejemos que nuestros problemas y tribulaciones nos aparte de Dios, y nos convirtamos en la sal que perdió sus propiedades, ya no es útil.

Sigamos firmes, con la ayuda de Dios, superemos los problemas, las adversidades, al diablo y obtendremos la vida eterna, donde ya no tendremos más problemas.

Si Cristo está con nosotros, quien puede contra nosotros, nadie.


Pero nosotros mismos si podemos hacer que perdamos la batalla. Nuestro principal enemigo no es el diablo, sino nosotros mismos, el no nos puede apartar de Dios si nosotros no lo permitimos. Ustedes pueden vencer, con la ayuda de Cristo. Filipenses 4:13  

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