Romanos 16:16 "Os saludan todas las iglesias de Cristo."

1 Tesalonicenses 5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Proverbios 16:25 Hay camino que parece derecho al hombre, Pero su fin es camino de muerte.

viernes, 5 de febrero de 2016

QUE NINGUNO AGRAVIE NI ENGAÑE EN NADA A SU HERMANO

1 Tesalonicenses 4:6

Introducción:

Dios ha sido misericordioso y benigno con su creación, especialmente con el ser humano y mayormente con aquellos con quienes ha tenido una relación más cercana, como lo fue con los patriarcas, luego con su pueblo Israel y ahora con su pueblo la iglesia. Ese amor que Dios ha tenido por la humanidad y especialmente con sus hijos, Él ha querido que nosotros los cristianos lo tengamos. El amor al prójimo y especialmente a la familia de la fe.

Muchos de los mandamientos de Dios para su pueblo tienen que ver con aquellas obras o acciones que pueden dañar, perjudicar o agraviar al prójimo. Matar, robar, murmurar, odiar, engañar, codiciar, peleas, pleitos, iras, estafar, mentir, acepción de personas, etc. son obras que causan daños a otras personas y Dios no quiere que las practiquemos. Y mayormente son obras que Dios no quiere que hagamos en contra de sus hijos, nuestros hermanos en la fe.

Sabemos que tenemos mandamiento de ayudarnos unos a otros, eso implica una relación donde él que está en necesidad es ayudado por su hermano que tiene la capacidad de hacerlo. Pero en esta relación en ambos casos el ayudado como el ayudador deben buscar el bien del otro y no agraviar o perjudicar a su hermano. Pablo hablando a los hermanos en Tesalónica, les da las instrucciones de Dios en cuanto a no perjudicar a su hermano.  1Tesalonicenses 4:6.

1.  Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

El primer gran mandamiento es amar a Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo gran mandamiento es: amaras a tu prójimo como a ti mismo.  Marcos 12:29-31 

No hay mandamientos mayores a estos porque el primero engloba el adorar y servir a Dios con todo nuestro ser. Y el segundo abarca querer hacerle el bien al prójimo y no hacerle ningún mal. Romanos 13:9-10 

El amor no hace mal al prójimo, siempre busca su bien, los hijos de Dios, “no haremos nada que pueda perjudicar a otra persona.” El amor al prójimo implica practicar la misericordia, que debe haber en nosotros. Jesús respondiendo la pregunta del intérprete de la ley ¿quién es mi prójimo? al final le hace una pregunta. Lucas 10:36-37 

2.  Amar a tu hermano.

Nuestro hermano es nuestro prójimo, pero Dios da mayor responsabilidad en el amor que debemos tener por sus hijos. Este amor busca el bien de sus hermanos y evita hacerle daño.  Gálatas  6:10 
El amor se demuestra con los hechos no con las palabras. Nuestras acciones, obras y actitudes demuestran sin amamos a nuestros hermanos o no. 1 Juan 3:18   1Juan 3:17 

En todo momento debemos estar dispuestos a ayudar a nuestros hermanos. 1Juan 3:16 

No sólo con nuestros recursos, sino también en todo lo que podamos ayudarlo animando, reprendiendo, apoyando, visitando, etc.  Todos tenemos cargas pero en algunos momentos algunos llevamos cargas muy pesadas que nos agobian, en ese momento los hermanos ayudan. Gálatas 6:2 

3.  La responsabilidad de trabajar para sustentarnos pero también para ayudar a nuestros hermanos.

El ser humano trabaja y se esfuerza para su propio bien y la de su familia, pero al hacernos cristianos Dios pone sobre nosotros la responsabilidad de ayudar a nuestra familia espiritual. 1 Tesalonicenses 4:10-12 
Al trabajar buscamos la manera de no tener necesidad de nada, con nuestro esfuerzo compramos alimentos, vestimenta, casa y todo lo que necesitamos en nuestra vida. Al hacerlo de esta manera, no conducimos honradamente en todo nuestro entorno, no necesitamos robar, ni engañar, ni estafar, etc. Pero Dios también quiere que ayudemos con nuestro trabajo, aquellos que padecen necesidad. Hechos 20:34-35 

4.  El hermano que anda desordenadamente

En el pueblo de Dios siempre hay hermanos que llevan una vida desordenada, de mala administración o de poco esfuerzo por ganarse su sustento. Tenemos mandamiento de ayudar a quienes están en necesidad, pero que pasa con aquellos que están en una necesidad constantes por sus propios errores.
Por lo general debemos ayudar a los hermanos que caen en una necesidad aún por su mala administración, una vez, o dos veces, etc. Pero debemos observar si estos hermanos llevan una vida desordenada, porque en ese caso ya no deberíamos ayudarlos, nos estaríamos haciendo participe de sus malas obras.
Este hermano debe entender que debe trabajar para no tener necesidad de nada, si no trabaja o si trabaja y mal usa el dinero, entonces debe entender que ningún hermano está obligado a ayudarlo y menos la iglesia. Pablo como otros hermanos trabajaban arduamente por la predicación del evangelio y por la edificación de la iglesia y a pesar de que tenían derecho de ser mantenidos y ayudados por los hermanos y por la iglesia, ellos trabajan con sus propias manos para no ser gravosos a la iglesia ni a los hermanos. 2 Tesalonicenses 3:7-9 
No querían ser una carga. En aquel entonces había hermanos que no querían trabajar sino se convertían en cargas para sus hermanos. 2 Tesalonicenses 3:10-11 

Andar desordenadamente es vivir de una manera moralmente reprochable, y eso pasa cuando nos convertimos en carga para los hermanos por no trabajar o por ser mal administrador. Cuando se anda desordenadamente pedimos ayuda y tendemos a endeudarnos más allá de nuestra capacidad de pagar. ¿Si no nos alcanza para comer, como nos quedará para pagar deudas? Romanos 13:8 

Pedir prestado y no pagar es una manera de agraviar a quien nos ayudo y de andar desordenadamente.  Pablo corrigió a los hermanos en Corinto porque el desorden de algunos hermanos los llevaba a querer resolver esos problemas ante los incrédulos, y eso ya era un pecado. 1 Corintios 6:6-7 

Pablo regaña a quien fue ofendido o defraudado por llevar a otro hermano ante los incrédulos, les dice porque no sufren el agravio, sopórtenlo. Pero hay una seria advertencia para quien agravia a su hermano. 1 Corintios 6:8-10 

El amor al prójimo no le hace daño a nadie y menos a un hermano en la fe. Como hijos de Dios que tratamos de llevar una vida ordenada evitamos ser una carga para otros hermanos. Cuidamos nuestra imagen ante el mundo y ante nuestros hermanos para evitar ser señalados como desordenados.

 Conclusión:

El amor al prójimo nos ayuda a no hacer nada que pueda dañar a nuestros hermanos, evitamos hacerlos tropezar por nuestras actuaciones. Cuando un hermano esta en necesidad buscaremos la manera de ayudarlo. Cuando un hermano anda desordenadamente lo exhortaremos a que se esfuerce por ganarse su sustento y a llevar una vida ordenada. Siempre debemos evaluar si ya no deberíamos ayudarlo, porque contribuiremos a su desorden.


En nada debemos agraviar a nuestros hermanos.

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